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El cambio es una cualidad inherente al ser humano. Las decisiones nos han hecho avanzar y evolucionar como sociedad. Y es que, como decía Arquímedes de Siracusa, “dadme una palanca, un

punto de apoyo y moveré el mundo”. Y ese punto de apoyo se encuentra ahora mismo en nuestros jóvenes quienes, concienciados, reflejan los datos más alentadores de víctimas de violencia de género con un descenso del 38,14% en la última década.

​     La tendencia a la baja no hubiera sido posible sin el tiempo, el motor que provoca cualquier cambio. Esto se refleja en que entre 2000 y 2009, de menores de 16 hasta los 30 años, se produjeron 194 víctimas mortales de violencia de género, mientras que entre 2010 y 2019 la cifra cayó a 120. Un descenso justificado en los “avances significativos” que se han llevado a cabo España en los últimos años en la lucha contra la violencia de género, como afirma Andrea Gómez, psicóloga de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

     Las cifras consultadas del Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades no tienen parangón, dado el número de agresores en estas edades cae también a más de la mitad, un 55%, en los últimos diez años, de 120 entre 2000 y 2009 a 54 entre 2010 y 2019. Para Gómez, la bajada en los agresores se debe a que “ha aumentado el rechazo al sexismo y a la violencia”, por lo que “el haber trabajado en la escuela el problema de la violencia de género también ha disminuido el riesgo de ser maltratador”.

     Cifras generales tan positivas, aunque siempre mejorables, no se han producido de una manera continua, ya que lo largo de estos 20 años ha habido varios altos y bajos. Ejemplos de ello son 2002 o 2010, que reflejan los peores datos para las víctimas de la violencia de género con 20 y 17 respectivamente. En contraste, se encuentra el 2014 con una cifra más que estimulante con “sólo” 5 víctimas. Una cantidad que aguarda una difícil explicación,

dado que, como justifica Andrea Gómez, “se han puesto en marcha herramientas que antes no se tenían y gracias a ellas los jóvenes pueden identificar mejor y en mayor medida estas situaciones”, pero añade que “la casualidad ha podido influir”.

     Por rango de edad, el grueso de la población del estudio se encuentra en los jóvenes entre los 21 y los 30 años, ya que suponen más del 80% de los casos en ambas décadas. En ellos también se ha producido un gran descenso del 32,49% en las víctimas, de 157 a 106 casos, y del 55,97% en los agresores, de 109 a 48.

Entrevista a Daniel Cembrero Masa, psicólogo de la asociación El Puente
Violencia género jóvenes 2020

Entrevista a Daniel Cembrero Masa, psicólogo de la asociación El Puente

Dificultades para identificar el maltrato

Como expresan los datos anteriores, la violencia de género no entiende de edades. Los más jóvenes relacionan este problema social con las relaciones de pareja durante la vida adulta, aquellas basadas en el compromiso, la convivencia y la paternidad. Los y las jóvenes de entre 18 y 20 años no son capaces de detectar, comprender y reaccionar ante la violencia de género en sus relaciones, como acredita el estudio

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realizado por la Universidad de País Vasco Violencia de género en las relaciones de pareja de adolescentes y jóvenes de Bilbao, que utilizó una muestra de 832 estudiantes de entre 18 y 28 años.

 

     Los temas sobre relaciones sexuales siguen siendo tabú dentro de las familias, lo que deja en manos de otros agentes sociales y educadores el aprendizaje de estos jóvenes de todo lo que tiene que ver con su vida sexual. Según Daniel Cembrero, psicólogo de la asociación El Puente, como sociedad “aún no somos capaces de identificar micromachismos ni situaciones de violencia de género de baja intensidad” y asegura que la familia y la educación son la base para enseñar a los jóvenes porque “ahí es donde se puede trabajar, y no tener que hacerlo con gente que ya ha tenido o ha sufrido casos de maltrato graves o duros”.

     La escasa educación sexual que reciben los jóvenes hace que puedan llegar a sentirse “perdidos” cuando empiezan a tener sus primeras relaciones. Por tanto, no es extraño ver que la mayoría mantienen noviazgos sin compromisos serios en los que no hay un futuro, pero sí un afecto. A estas relaciones se las conoce como 'rollos', que pueden durar desde unos días hasta varios meses. En la pareja, ellas buscan la protección y seguridad, y ellos, una chica atractiva que asegure el éxito sexual de la relación.

     A la hora de identificar la violencia de género en casos hipotéticos, el estudio Violencia de género en las relaciones de pareja de adolescentes y jóvenes de Bilbao señala que “la dificultad para identificar como maltrato determinados comportamientos es más acusada cuando no hay, o se difumina, el componente de acoso o violencia física".

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     Para determinar qué cuestiones consideran o no maltrato, los jóvenes las clasifican según su intensidad y añaden matices. Para ellos y ellas, el uso de la violencia en determinadas situaciones no es algo negativo, lo que contrasta con el hecho de que la mayoría se posiciona enérgicamente en contra de la violencia de género. Andrea Gómez apunta que son las mujeres más jóvenes las que declaran la existencia de la violencia psicológica y de control, un tipo de violencia muy difícil de identificar porque no es tan explícita como la agresión física. Estos comportamientos “les lleva a ellas a normalizar conductas menos extremas de violencia y de maltrato al no saber detectar ni interpretar que esos comportamientos son violencia de género”, asegura.

     En cuanto a la gravedad de la violencia de género como problema social, suelen ser las mujeres las que lo declaran un problema social grave, mientras que entre los hombres empiezan a surgir las dudas, no lo ven tan relevante o incluso creen que se habla demasiado del tema cuando en realidad lo consideran un problema privado de cada pareja.

Violencia de género a través de la pantalla

La actualidad que nos rodea ha sido definida por expertos como una ‘sociedad red’, una realidad interconectada, donde aquello que es digital se enreda con los real, convirtiéndose en un todo. Es en este contexto donde las redes sociales se han convertido en una extensión de la vida adolescente.

    Conocer a gente, quedar con ella, chatear durante horas o publicar imágenes

hacen a los más jóvenes más vulnerables. Algo que corroboró Andrea Gómez al afirmar que “las tecnologías, además de suponer un riesgo para el ciberacoso, el sexting o el grooming, también lo suponen para ejercer y agravar la violencia de género porque facilita oportunidades y los medios para ejercer control y acoso.”

     Según un estudio llevado a cabo por la AEPD (Agencia española de protección de datos) y el Instituto de Tecnologías de la Comunicación, el 40% de los adolescentes no establecen ningún tipo de privacidad en sus perfiles, permitiendo a cualquier acceder a su información privada. Entre los menores de edad, este porcentaje sube hasta el 77%.

     Atendiendo al contexto tecnológico en el que se establecen las relaciones sociales, los expertos aseguran que la violencia en el noviazgo ha alcanzado una nueva dimensión gracias a los nuevos medios. “Las redes sociales es que nos separa de la persona, despersonalizan la realidad. Si lo importante es ver a la persona como es, con sus derechos, emociones, sentimientos, las redes sociales arrebatan esto”, explica Daniel Cembrero.

     Pero ¿cuáles son los indicadores sobre violencia de género? Según el propio Ministerio de Igualdad, controlar el móvil de tu pareja, espiar sus mensajes, censuras los comentarios o fotos que publica, u obligar a tu pareja a estar geolocalizada en todo momento son algunos de los indicadores que pueden mostrar si se está produciendo violencia digital.

Privacidad

El 40% de los adolescentes no establecen ningún tipo de privacidad en sus perfiles

Andrea Gómez

"La redes sociales facilitan oportunidad para ejercer control y acoso"

Control

El 25% de los jóvenes reconoce haber sufrido control de sus teléfonos

Daniel Cembrero

"La violencia física y verbal son diferentes tipos de violencia, pero son violencia en sí misma"

     Dentro de la investigación Percepción de la violencia de género en la adolescencia y la juventud, publicada también por el Ministerio de Igualdad, en la que se entrevistó a un total de 2.457 jóvenes de entre 15 y 29 años, mostró que entorno al 25% de las chicas entrevistadas reconocen haber sufrido control de sus teléfonos. Un control de los teléfonos del otro miembro de la pareja que, para muchos, se ha convertido en el día a día. Frases como “si no me lo quieres enseñar es que ocultas algo” o “ves normal subir esa foto” se ha convertido en una constante.

     Un tipo de violencia psicológica que, muchos expertos, han calificado como un precedente a la violencia física. “Los jóvenes sufren una violencia psicológica de control y emocional. Empieza en el móvil pero perfectamente se puede extrapolar al encuentro en persona y puede ser un antecedente de la violencia física”, explica Gómez. Y es que, a pesar de ser “diferentes escalas de violencia, no podemos olvidar que tanto la violencia verbal y la física son violencia en sí misma”, afirma Cembrero.

     Un problema que parece estar lejos de solucionarse, el motivo reside en que, a pesar de los múltiples intentos por concienciar a los jóvenes. Es muy fácil decir la típica frase “respeta la intimidad” o “no dejes que te pongan límites”, pero hasta la fecha parece ser la única solución frente a una realidad que crece día a día. 

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