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En la última década se ha producido un descenso en el número de casos de víctimas mortales (hasta los 30 años) un 38%, de 194 víctimas a 120. ¿A qué crees que se debe? ¿Qué serie de causas o por qué crees que hay tras estas cifras?

     Hay muchas causas que pueden explicarlo. Primero, hay que tener en cuenta que la violencia física no aparece desde el primer momento de la relación. En el proceso violento, primero hay un tiempo sin violencia y luego van apareciendo formas más sutiles de violencia, generalmente emocional y psicológica. Hasta que aparece la violencia física pasan años, y hasta que esta se hace grave aún más. Por ejemplo, la violencia física se presenta en una mayor medida en proporción de mujeres de entre 25 y 54 años.

     Además, hay otras muchas causas que se deben tener en cuenta. Por ejemplo, que las jóvenes, una vez que denuncian, deciden romper la relación en mayor medida, reciben más el consejo de romper la relación cuando cuentan la relación de violencia y que también deciden romper la relación porque la convivencia o el matrimonio son factores inhibidores de la ruptura y son situaciones que no suelen estar presentes en las más jóvenes.

     España ha llevado en las últimas décadas un avance significativo en la lucha contra la violencia de género. Se ha incrementado en los últimos años una mayor prevención, concienciación y sensibilización. Se han puesto en marcha estrategias y herramientas que antes no se tenían y, gracias a que ahora se tienen, las jóvenes pueden identificar mejor y en mayor medida la violencia y actuar en consecuencia.

En cuanto a las víctimas, el pico más bajo se encuentra en 2014 con 5 casos, ¿qué pudo suceder en tal año?

     Desde el punto de vista psicológico, desconozco si ha ocurrido algo ese año. La verdad que es un dato positivo y, de hecho, si observamos años anteriores ese pico era mayor. Entonces parece más que haya podido ser debido a lo que comentaba anteriormente y casualidad.

Junto a las víctimas, también hay un descenso también en el número de agresores, de 120 a 54, un 55%. ¿Cómo se está concienciando a ellos del descenso?

     En primer lugar, algo significativo es que los agresores suelen ser mayores que las víctimas, pero también gracias a que la prevención y el conocimiento de que la violencia de género ha aumentado. Por ejemplo, ha aumentado el rechazo al sexismo y a la violencia y el haber trabajado en la escuela el problema de la violencia de género también ha disminuido el riesgo de ser maltratador. Es por ello que la educación tiene un papel crucial en la superación de esta violencia y, sobre todo, en adolescentes que es cuando empiezan las primeras relaciones de pareja y cuando se define la identidad respecto a las relaciones.

Un estudio realizado a 832 estudiantes de la Universidad de País Vasco en 2008 afirma en sus conclusiones que "lo jóvenes de entre 18 y 20 años no poseen las estrategias adecuadas para detectar, comprender y reaccionar ante la violencia de género en sus relaciones y lo asocian únicamente a las relaciones que tienen lugar en la vida adulta". ¿Respalda usted esta idea de que los jóvenes no saben detectar los comportamientos de violencia de género?

     Sí y, aunque es verdad que esto ha ido cambiando, hasta hace poco, aunque se veía que en la población más joven se repetían problemas sexistas, no se había concretado en datos. Y de hecho, hasta la macroencuesta de la violencia contra la mujer de 2015 no se incluyeron en la muestra a menores de edad. Entonces, si los profesionales no conocemos cual es la realidad de la violencia de género y la juventud, ¿cómo se lo vamos a contar a ellas para que lo detecten? De hecho, las mujeres más jóvenes son las que muestran una prevalencia de violencia psicológica de control y emocional. Un tipo de violencia que es más difícil de identificar porque no es tan visible y tan explícita como la física, lo que les lleva a ellas a normalizar conductas menos extremas de violencia y de maltrato al no saber detectar ni interpretar que esos comportamientos son violencia de género. Pero como te decía, esto poco a poco va cambiando y nos demuestra que tenemos que continuar por este camino.

Lamentablemente, en los últimos años se han presenciado varios casos mediáticos como el de ‘La Manada’, ¿de qué manera han podido influir? Dado que junto a la movilización social también surgieron otras ‘manadas’ en diferentes partes del país.

     Teniendo en cuenta que en las agresiones sexuales en grupo influyen varios factores, sí que es cierto que ha habido un aumento de casos y un aumento en la exposición de las noticias de este tipo de delitos en los medios de comunicación. Por lo tanto, parece que hay una relación entre el aumento de noticias y de estos delitos.

     Aun así, el comportamiento es el resultado de la interacción, del contexto del delito, de la información que se da en los medios, de las características personales del agresor como la predisposición a comportarse de una forma violenta y las distorsiones cognitivas. Además, el hecho de actuar en grupo facilita desarrollar conductas que por sí solas no se desarrollarían. Esto diluye en ellos la percepción de responsabilidad, fomentando la aparición de estas conductas.

     La verdad es que es importante que se le voz y que se hable de estos casos, pero el problema muchas veces es la atribución de la culpa que se hace. Los agresores hacen una atribución de la culpa en función de mitos y creencias sobre la sexualidad falsas porque culpabilizan a las víctimas y esconden a los agresores. La culpabilización de la víctima es algo que se ha estado viendo en torno a estos fenómenos, entonces, hay que tener en cuenta que estas agresiones se suelen llevar a cabo en ciertos contextos en los que los jóvenes suelen estar presentes, como la fiesta o donde hay un mayor consumo de sustancias y además hay que destacar que las agresiones sexuales en grupo no se suelen llevar a cabo con una planificación previa, es decir, son fruto de la oportunidad y de la “diversión” más que por motivos sexuales.

¿Pueden todas estas medidas y casos haber cambiado la manera de relacionarse entre hombres y mujeres a edad adolescente/joven?

     No sé si puede cambiar la forma de relacionarse. Lo que sí se ha visto es que estas agresiones sexuales las suelen llevar a cabo adolescentes y jóvenes adultos y se ha de tener en cuenta el contexto en el que suceden. Son situaciones en las que los jóvenes suelen estar presentes, pero no se llevan a cabo por motivos sexuales. También, hacerlo en grupo “ayuda”. Se retroalimentan y suele haber un líder.

¿Cómo se trata a un agresor para que deje de serlo?

     Para tratar a un agresor se pueden llevar a cabo diferentes programas, intervenciones en grupo, individuales, grupos psico-educativos… Lo más importante ahí es que el tratamiento tiene que realizar modificaciones estructurales para modificar sus características e identidad. Lo que sí que se sabe es que el agresor debe querer el cambio y ser consciente del problema, de hecho esta deber ser la primera etapa, una etapa contemplativa en la que se va a favorecer que esto ocurra. Después, va a estar dirigida a la reestructuración y al proceso de cambio y ahí los van a ser cambiar actitudes, formas de relacionarse por unas más sanas, modificar creencias respecto a los roles de género…

¿Hasta qué grado se tiene la certeza de no volver a producirse reincidencias?

     La certeza absoluta es muy difícil tenerla, pero para poder darnos cuenta de si puede haber posibilidades de que vuelva a reincidir tenemos que darnos cuenta de qué es lo que lleva a que reincida. Lo primero es que, para que la intervención sea útil, él tiene que ser consciente del problema y tiene que estar motivado para cambiar su comportamiento agresivo. Y para producir estar modificaciones y el cambio en sus relaciones la intervención tiene que ser prolongada, a lo mejor un año y medio, y las modificaciones en su conducta se tienen que llevar a cabo de forma sostenida y consistente.

     En los estudios de reincidencias, la reincidencia suele estar alrededor de un 7% en seguimientos de a largo plazo, cinco años. La reincidencia suele ser mayor en aquellas personas que hayan sufrido maltrato físico, psicológico o sexual en su infancia, que fuesen más agresivos antes de empezar la intervención, que tengan menor empatía o que tengan un menos control de la ira. Al final, lo importante es que no se haya producido un cambio sustancial en ellos.

Y respecto a las víctimas, ¿de qué manera se ayuda a la víctima?

     Hay muchísimos recursos sociales, jurídicos y psicológicos para poder ayudar a una víctima. Desde el punto de vista de la intervención psicológica, va a depender del momento en el que llegue la mujer y de la sintomatología que presente, no se va a intervenir igual a una mujer si sigue la relación, si sigue habiendo vinculación emocional hacia el agresor o si hay un riesgo para su integridad física. En función de esto se establecen unos objetivos y unos plazos.

     El primer paso es facilitar el desahogo emocional de la víctima y conocer en qué estado viene. Una vez se hace, se puede trabajar para romper el vínculo emocional, para entrenar el afrontamiento de situaciones que van a salir a raíz de la ruptura, diseñar un plan de seguridad con la victima si fuera necesario, reforzar el que ella haya roto la situación, hacerla una psico-educación sobre la violencia de género y que ella pueda integrar y entender lo que ha ocurrido y el porqué de ese maltrato, reducir toda las sintomatología que presente derivada de la violencia (culpa, vergüenza, daño, trastornos postraumáticos, ansiedad o depresión)… va a depender de cómo venga la víctima y sus necesidades.

Hemos hablado de víctimas mortales, pero antes de eso se pueden producir acciones de violencia de género. En este ámbito pueden estar las redes sociales, según un estudio de la Agencia española de protección de datos, el 40% de los adolescentes no establecen ningún tipo de seguridad en sus perfiles lo que puede ser una un camino abierto para la violencia psicológica mediante el control o la intimidación. ¿Están indefensos los jóvenes dentro de las redes sociales?

     Efectivamente, sí que lo están. Es importante que los jóvenes perciban el riesgo que suponen determinadas conductas a través de internet y del móvil para prevenir dichos problemas. Resulta que esta conciencia es escasa en ellos. Las tecnologías, además de suponer un riesgo para el ciberacoso, el sexting o el grooming, también lo suponen para ejercer y agravar la violencia de género porque facilita oportunidades y los medios para ejercer control y acoso. De hecho, el 25% de las chicas reconoce haber sufrido control a través del móvil.

En muchos casos este tipo de violencia en redes puede ser un antecedente a la violencia física. ¿Es esto cierto?

     Así es. Las jóvenes la violencia que suelen sufrir es psicológica de control y emocional. Las redes sociales es una vía para ejercerla porque limitan la libertad de ellas y da lugar a desigualdad, control del móvil, amenazas, insultos, acoso o dificultad para cerrar la relación. Todo esto va en aumento. Empieza en el móvil pero perfectamente se puede extrapolar al encuentro en persona y puede ser un antecedente de la violencia física.

¿Qué se le dice a una mujer que niega la existencia de la violencia género?

     Yo lo que le diría, sin pretender convencer a nadie, que se parase a pensar, a mirar a su alrededor y a pensar por qué hay cosas que no suceden a las mujeres por el simple hecho de ser mujeres, que a ellos no les ocurren y que además no ocurren en ciertas zonas, suceden en todas las clases sociales, países o sociedades. Y no solamente es violencia física a la pareja, es también psicológica, está en las instituciones, en la sociedad, en el trabajo… al final todo es lo mismo. Es violencia de género y violencia por el hecho de ser mujer.

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